Catcalling de cerca: proyecto teatral en un contenedor de obra
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Un proyecto teatral permite a los hombres experimentar el catcalling en carne propia: en un contenedor de obra, actores y actrices recrean escenas típicas. Después, muchos apenas pueden creer lo que las mujeres viven a diario en la calle.
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Para la mayoría de los hombres, el catcalling en la calle es una idea abstracta: algo sobre lo que leen, pero que rara vez experimentan en carne propia. Un proyecto teatral acaba con esa distancia: dentro de un contenedor de obra se les enfrenta en directo a escenas que para muchas mujeres son el pan de cada día. Allí, actores y actrices recrean situaciones típicas de acoso callejero, no como teatro en sentido clásico, sino como un encuentro inmediato.
El contenedor de obra como el escenario más estrecho de lo cotidiano
La elección del espacio no es casual. Un contenedor de obra es estrecho, sin distancia de seguridad, sin vía de escape, al contrario que una sala de teatro, que ofrece a la vez observación y distancia. Quien entra al contenedor llega como espectador y, al mismo instante, se ve inmerso en la escena. Los actores y actrices no representan una historia inventada, sino que condensan encuentros reales en la calle: miradas, gritos, comentarios, traspasos de límites. Lo que en la mente de muchos hombres era hasta ahora una amenaza abstracta se acerca de pronto a la distancia de un brazo.
Después del contenedor: apenas se puede creer lo que las mujeres viven a diario
El efecto más claro se manifiesta solo después de abandonar el contenedor. Un actor relata que, a continuación, muchos hombres apenas pueden creer lo que las mujeres experimentan a diario. Lo que antes se catalogaba como «no es para tanto» o como un fenómeno marginal adquiere de pronto un peso. Del saber que el catcalling existe se pasa a un recuerdo corporal de cómo se sienten esos momentos: sumados, a lo largo de días, a lo largo de años.
Empatía a través de la experiencia, no de la explicación
El proyecto apuesta por la vivencia frente a la lección. Quien se ha parado una vez dentro del contenedor sale a la calle de otra manera, no porque lo exija una charla, sino porque su propio cuerpo ha guardado cómo se siente estar en el centro de una atención no deseada. Ese desplazamiento, del entendimiento teórico al sentir en carne propia, parece ser el verdadero objetivo.
Más información sobre el proyecto la encuentras directamente en la Frankfurter Rundschau.
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